domingo, abril 01, 2012

Matrimonio

"Y un día un tipo me propondrá matrimonio.

Será amable y mis padres estarán muy contentos.

En el primer año, haremos el amor todo el tiempo.

En el segundo y en el tercero, cada vez menos.

Y cuando nos cansemos el uno del otro, saldré embarazada.

Tener hijos, mantener un empleo, y pagar la hipoteca

mantendrá nuestra estabilidad por un tiempo.

Y luego de unos 10 años tendrá una aventura

porque estaré muy ocupada y muy cansada.

Y lo voy a descubrir. Trataré de matarlo, y a su

amante y a mí misma, lo superaremos.

Y algunos años después, tendrá otra.

Esta vez voy a fingir que no lo sé, porque ¿Por qué armar un alboroto? no

vale la pena esta vez.

Y viviré el resto de mis días a veces deseando que mis hijos

tengan la vida que nunca tuve.

Otras veces, feliz en secreto, porque

Se están convirtiendo en mi repetición."

Verónica decide morir




viernes, marzo 30, 2012

La enfermedad que se está comiendo mi vida

Los síntomas que tengo en estos momentos:

  • Deshidratación (A pesar que tomo muchísima agua)
  • Mareos constantes
  • Debilidad física
  • Frío
  • Insomnio
  • Presión arterial baja (acaba de marcar 80/50)
  • Dolor de cabeza
  • Síndrome de fatiga crónica
  • Problemas para la concentración
  • Diarreas o estreñimiento
  • Caída del cabello
  • Acidez y reflujos gástricos
  • Depresión
  • Comportamientos auto-destructivos
  • Piel reseca
  • Dolor en la mandíbula
  • Hinchazón
  • Mal humor
  • Cambios bruscos de ánimo
  • Sensibilidad a la temperatura ambiental
  • Alto consumo de gaseosas light y tabaco (mi típico desayuno, almuerzo o cena)
  • Malnutrición
  • Ganas ocasionales de morir
  • Abuso de píldoras

  • Ahora estos son los síntomas que reconozco, no tengo la más mínima idea de cómo estará mi cuerpo por dentro, niveles de azúcar, electrolitos, sistema digestivo…

Con todo esto puedo llegar claramente a la conclusión de que tengo un problema y fuerte, mi peso anda dentro de los parámetros, la gente me dice flaca a normal, no necesariamente se tiene que estar en los huesos para estar enferma…

Mi sicóloga me ha dicho (en la última terapia que debería estar hospitalizada)

Siento que me estoy muriendo y mis padres siguen creyendo que lo mío es cuento o ganas de llamar la atención, en mi caso pedir ayuda no ha servido de mucho y yo sola no puedo parar…

Una cosa si sé NO ME QUIERO MORIR DE ESTO pero tengo mucho MIEDO


lunes, marzo 12, 2012

Los bagres de mi existencia

Sigo pensando que la vida es una tragicomedia, con lo sucedido últimamente trato de despejar mi mente con stand-up comedy que encuentro o me pasan conocidos ,me hacen olvidar, reírme aunque sea de mis propios sufrimientos, dejar de lado mi ego hecho trizas y burlarme de mí misma un poco.

Finalmente entre tantas bromas sobre los bagres y cae en mis manos la película “catfish” , empiezo a entender un poco más mi existencia…Siempre van a existir los bagres,ya sean virtuales o reales, he convivo con muchos durante bastante tiempo (yo los veía como delfines) y he sentido la mentira,la traición y toda clase de malas intenciones.

Yo por mi parte sigo sin entender el motor de la gente bagre (y no me refiero tanto al aspecto físico) cuyo uno objetivo en la vida es hacerle daño a los demás, después de tantas caídas llego a la conclusión que han de estar muy mal de la cabeza, deben ser muy infelices, vivir aprovechándose de la inocencia del prójimo debe ser bastante patético.

Así han pasado los días, los meses, muchos de los cuales la mancha roja que sale en mi pómulo y no se va, sobre todo en las noches,me escondo de todos para que no se me vea (mi madre la reconoce al instante), sabe es un aviso de mi cuerpo, reconoce que he llorado mucho,por eso me sale.

Tampoco he logrado concentrarme este tiempo,todo me provoca un asco visceral ,no logro sostener nada en el estómago por mucho tiempo, cada recuerdo es un vómito o una ida al baño, supongo que caí de nuevo, todo mi odio lo dirijo hacia la comida, todos ellos son comida ,si los trago, los hago trizas, los despezado pero los tengo que sacar inmediatamente de mí,en mi organismo me contaminan, otras veces el asco me hace no querer ni probar medio bocadillo son todos personificados en forma de comida,lo cual me deja completamente estúpida y descerebrada para realizar cualquier tarea, incluyendo mis estudios, los dolores de cabeza ,el frío y los mareos.

Si algún día logro bucear me gustaría ver un bagre, no creo que sean tan feos como los que he conocido en forma humana, ni tan traicioneros, ni mentirosos.

Ahora que grite después de darme cuenta que la manchita roja del pómulo no desaparece, ahora que vivo metida en el baño y los mareos amenazan con dejarme tirada en cualquier sitio, me toca seguir gritando, seguir aprendiendo, empezar a desconfiar pero sobretodo empezar a perdonar, comienzo pegando alaridos para salir a la superficie del mar podrido lleno de “catfishes” para pedir ayudar y volver a respirar como lo hacía antes.


sábado, febrero 25, 2012

Espantapájaros 6 (Oliverio Girondo)

Mis nervios desafinan con la misma frecuencia que mis primas. Si por casualidad, cuando me acuesto, dejo de atarme a los barrotes de la cama, a los quince minutos me despierto, indefectiblemente, sobre el techo de mi ropero. En ese cuarto de hora, sin embargo, he tenido tiempo de estrangular a mis hermanos, de arrojarme a algún precipicio y de quedar colgado de las ramas de un espinillo.

Mi digestión inventa una cantidad de crustáceos, que se entretienen en perforarme el intestino. Desde la infancia, necesito que me desabrochen los tiradores, antes de sentarme en alguna parte, y es rarísimo que pueda sonarme la nariz sin encontrar en el pañuelo un cadáver de cucaracha.

Todavía, cuando llovizna, me duele la pierna que me amputaron hace tres años. Mi riñón derecho es un maní. Mi riñón izquierdo se encuentra en el museo de la Facultad de Medicina. Soy poliglota y tartamudo. He perdido, a la lotería, hasta las uñas de los pies, y en el instante de firmar mi acta matrimonial, me di cuenta que me había casado con una cacatúa.

Las márgenes de los libros no son capaces de encauzar mi aburrimiento y mi dolor. Hasta las ideas más optimistas toman un coche fúnebre para pasearse por mi cerebro. Me repugna el bostezo de las camas deshechas, no siento ninguna propensión por empollarle los senos a las mujeres y me enferma que los boticarios se equivoquen con tan poca frecuencia en los preparados de estricnina.

En estas condiciones, creo sinceramente que lo mejor es tragarse una cápsula de dinamita y encender, con toda tranquilidad, un cigarrillo.
Oliverio Girondo
Espantapájaros 6

jueves, febrero 09, 2012

Tiempos difíciles

Las cosas cambian por algo o al menos eso queremos creer .efectivamente yo he cambiado no sabría decir si las actitudes de los demás provocaron eso en mí, lo cierto y doloroso del asunto es que cada día de auto-encierro en casa y lo disfruto.

Mi diversión está en casa, en leer, escribir. No disfruto en lo absoluto salir a tomar unas copas gastar el poco dinero que tengo y pasar enferma en cama el día entero, me parece una asquerosa pérdida de tiempo.

Sería saludable entonces dejar las culpas, las peleas, los odios atrás y simplemente aceptar lo que la vida trae consigo, no voy a seguir insistiendo en cosas que están enterradas hace tiempo, así el precio sea quedarme sola como lo estoy ahora.

No fue fácil enterarme de tantas mentiras, perder a mi ex novio, mis amigos, que mi madre se enfermara y tuviera que cuidarla hasta el día de hoy , tampoco fue lindo tener que llevar a mi hermana al hospital por sus recurrentes amenazas de suicidio y mientras yo regresaba a casa después de 7 horas en emergencias recibir mensajes envenenados sobre lo mala persona que soy, ni mucho menos la histeria cuando iba para la clase que repetía por novena vez.

Para levantarme dos días antes de navidad y que me dijeran “tu amigo acaba de sufrir un paro cardiaco y murió”, y ni decir de las cuentas bancarias y las llamadas acosadoras…

Mi salud es la que termina resintiendo todo lo que paso o dejo de pasar, en dos meses he estado en el hospital 4 veces por ataques de asma , la última hace una semana medicamento broncodilatador en la vena y 5 horas de mascarillas de salbutamol, no sé si había tenido ese sentimiento de soledad en tanto tiempo, estaba sola no podía caminar , no tenía dinero para regresar a casa y una amable señora me decía “¿tienes frio verdad?” , y entre palabras cortadas le explique que era el medicamento que me estaban administrando, luego vino lo peor me dijeron que debía hacerme una prueba de tuberculosis porque tenía mucho tiempo tosiendo 2 meses exactamente.

Como pude llegue al baño hice bastante esfuerzo, respire y tosí fuertemente hasta que saliera algo, no funciono volví a tomar fuerzas y lo hice de nuevo, esta vez funciono pero inmediatamente me vino el vómito y la vía de la vena se corrió de su lugar provocándome un dolor que me hizo gritar.

No podía caminar y tuvieron que traerme los medicamentos, salí como pude, camine dos cuadras hasta finalmente encontrar un taxi, al llegar a casa llore durante horas preguntándome: ¿Por qué a mí? , ¿Dónde estaban todos los que decían ser mis amigos? , lo que alguna vez me dijeron: “yo siempre voy a estar ahí”.

Llevo una semana recuperándome y si de algo estoy segura es que los quiero lejos de mí, no quiero que me llamen me escriban ni nada, estoy mejor sola y aún así me llamen egoísta no tengo las más mínimas ganas de ver a nadie en un ben tiempo. Déjenme en paz y cada uno carga con sus miserias al fin y al cabo nacimos y vamos a morir solos.

martes, enero 31, 2012

Miserable

Llegando a casa me puse a buscar la única palabra que se me venía a la mente, o quizás porque la escuché mucho o mi materia gris la repitió sin piedad en muchas ocasiones: miserable que como dice Wikipedía se definiría como: “De escasa cuantía o valor: Malvado, perverso: desdichada infeliz o mezquina.”

Hago un rápido pero certero:“confesión de conciencia” a lo que de adulta tradujo como “hable con vos misma y decirte las verdades en la cara sin ser pendeja” (lo aprendí en la Iglesia Católica,Muchas Gracias) y realizando el tan arduo auto-examen concluyo que si; soy miserable hasta puntos extremos, y lo peor del asunto es que no me importa que San Pedro me este esperando a las puertas del cielo.

Acaricio una vez más al gato que mis padres hacen llamarlo su hijo y sé convencida se será de las últimas veces que nos acariciamos.

Salgo con amigas que no veo hace meses y que fueron mis confidentes durante años y vuelvo meditando que no es lo mismo,Que soy una persona miserable,Un medio ser: déspota una vil calculadora sin piedad a la que la vida (o ella misma) se ha encargado de convertida en ese buitre apestoso y despiadado.

Pienso que a lo mejor no es mi culpa sino esa naturaleza humana que nos domina a todos para sobrevivir en estas “ciudades” tan mal hechas y venenosas que una selva

¿Dónde sobreviviré?: Quizá la respuesta sea la más fuerte y más despiadada perversa razón que nos jactamos de tener…

He aquí el resultado de lo que ustedes y yo (no dejo esa maldita maña de cargar con culpas) de lo que me he convertido, una miserable más que arrastra el esqueleto por la burda ciudad, mintiendo, aparentando, fingido, siendo más;hipócrita de lo que verdaderamente soy: un despreciable ser que se enorgullece de su raciocino y anda por las caóticas ciudades o por la vida desorientada buscando lo mismo que todos los seres vivos buscamos sin querer: nacer, crecer, reproducirse y morir…

En mi caso valdría la pena preguntarme -¿Cómo lo he hecho en repetidas ocasiones?- voy a ser una indigente que anda por la vida o haré algo para cambiarlo?

La respuesta es clara y más que abierta a infinidad de posibilidades



lunes, enero 16, 2012

El casino


"La vida es un casino. Todos estamos dentro del casino, las miradas entreveradas, los humores veleidosos, el estrépito incesante de las voces confundidas. Es, por supuesto, un casino gigantesco, tan grande que no podríamos caminarlo por completo, con infinitas mesas de juego y ruidosas máquinas tragamonedas. Todos estamos en el casino por una larga noche, una noche que por momentos parecería perpetua, pero que, bien lo sabemos, bien conviene recordarlo, no lo es. Sabemos que al amanecer, el casino cerrará sus puertas y nos echarán de mala manera a la calle. Sabemos que aun antes del amanecer, alguna mezquina autoridad del casino podría arrojarnos a la calle sin darnos explicaciones. Apenas salgamos de esa casa superpoblada donde gobierna a su antojo el azar, dejaremos de existir. Solo podemos vivir dentro del casino.

La nuestra es, pues, una existencia que depende del paso del tiempo o, peor aún, de que se nos aparezca gruñón el portero del casino, puesto que cuando dicho señor uniformado decida echarnos a empujones o de una patada en el trasero, nada podremos alegar, será la hora de irnos a regañadientes o, más probablemente, lloriqueando. Fuera del casino, es la nada misma, la certeza de que estaremos quietos, fríos, muertos, la angustia de no saber si algo de nosotros logrará pervivir (unos se angustian porque quisieran ser eternos, otros ven con pavor la cruel promesa de la eternidad, cuénteseme por favor entre estos últimos). No por eso, todos los que están en el casino juegan. No son pocos quienes prefieren limitarse a mirar, no apostar, no correr riesgo alguno. Por lo visto, tienen miedo a perder, tienen miedo de que, si pierden sus fichas, los echarán del casino antes del alba, rumiando la frustración o la desdicha de que podrían haberse quedado un tiempo más. Por temor a perder, por temor a ser expulsados del casino antes de que amanezca, muchos no juegan en las mesas donde vuelan las cartas y rueda zumbando las bolitas, muchos se sientan y miran y no corren riesgo alguno.

Abundan también los que apuestan, sí, pero solo moderada y cuidadosamente, por ejemplo se sientan frente a las máquinas tragamonedas y se divierten y saben que al menos de esa manera están procurando sentir el goce de la inesperada recompensa que les será concedida a unos pocos, esos afortunados que súbitamente ven caer un torrente de monedas o de fichas que equivalen a una pequeña fortuna. De pronto, para ellos, es la alegría de ganar, es la euforia de ganar. Cuando ganan, se alegran tanto que por un instante olvidan las leyes del casino: no importa cuánto ganes, al amanecer (o cuando nos dé la gana) te daremos una patada en el trasero, te echaremos a la calle y morirás como un perro atropellado, tus vísceras salpicadas en la penumbra de una calle helada, y no podrás llevarte contigo nada de lo que hayas ganado, todo quedará en el casino, la casa siempre gana, el jugador siempre pierde, aun si no juega pierde, aun si se queda mirando siempre pierde, porque al alba no hay compasión con nadie y el casino se vacía de concurrentes y todos se difuminan, desaparecen, caen en un agujero negro que los conduce al medio de la nada (aunque algunos supersticiosos aseguran que los conducirá a un lugar mejor que el casino, a un casino inmaculado donde todo el que apuesta, gana, y donde nunca amanece y no te echan a la calle a morir).

Lo cierto es que todos estamos en el casino, unos jugando, otros mirando, unos ganando, otros perdiendo, y todos sabemos, o deberíamos saber, que en un tiempo la gerencia del casino (o no siquiera la gerencia, digamos el portero, un portero borracho, un portero zafio) nos echará a la calle y se acabará nuestra identidad tal como la conocimos y la conocieron, si acaso, nuestros amigos en el casino. Hay quienes prefieren olvidar que el tiempo es limitado y que la derrota final es segura, inexorable, y por eso, en lugar de apostar en las mesas de juego, en vez de perder dinero en las tragamonedas, se dedican a beber alcohol o a seducir personas que les resultan apetecibles (y que, a nuestros ojos, rara vez lo son).

Hay quienes, conscientes de que esa noche en el casino habrá de terminar más o menos pronto y que entonces tocará desaparecer, morir, extinguirse, pudrirse en la calle como un perro atropellado, comprenden que, dado que no hemos elegido estar dentro del casino pero ya estamos confinados al, y dado que no es posible escapar del casino con la plata ganada ni eludir la cita segura con la muerte al amanecer o incluso antes, solo tiene sentido correr los riesgos más excitantes, redoblar la apuesta, jugárselo todo, vivir la noche en el casino con la certeza de que será la única noche fragorosa en ese antro de mala muerte, y con la certeza adicional de que aun ganando siempre, nada de lo que ganes podrás llevártelo cuando despunte el sol y te avienten a la calle sin misericordia. Esos benditos intrépidos, los que más arriesgan, los que pierden todo o ganan todo y siguen jugando espoleados por la ilusión de ganar siempre, parecerían ser los que más se divierten, y no necesariamente porque sean más inteligentes que los otros, esos que miran o que a duras penas corren riesgos menores, sino porque da la impresión de que son más audaces, de que saben o intuyen que al terminar la noche en el casino no quedará nada sino el olvido y por tanto deciden que esa noche en el casino será una de veras memorable, y entonces corren los riesgo s más altos, y ganan en grande o pierden en grande pero no se quedan con la sensación apática, apocada, pusilánime, del que mira y no se anima a jugar. Terminada la noche, unos extenuados por jugárselo todo, otros aburridos por contemplar el juego ajeno, suena la alarma y los que estamos hacinados en el casino somos empujados con aspereza hacia afuera.

Fuera del casino, ya se sabe, no hay vida: lo que eras en el casino desaparece de inmediato, lo que ganaste o perdiste queda en el casino. La noche siguiente otra gente jugará y ganará o perderá o no jugará y se excitará con los triunfos y las derrotas de los otros, y al final, como siempre, todos perderán, la casa se quedará con todo, porque la casa, está dicho, siempre gana, y el que juega, aun ganando siempre, termina perdiéndolo todo. Sé que está por amanecer, que me quedan un par de horas más en el casino.

Soy de los que han nacido para subir la apuesta, elevar el riesgo, jugarse los cojones en cada ronda. No he nacido para mirar el juego de los otros. He nacido para jugar y para que otros miren la insolencia o la desfachatez con la que me abandono a jugar, una insolencia que no proviene del coraje, claro está, sino del recuerdo de que en pocas horas el casino habrá cerrado sus puertas y todos seremos la nada misma, o yo seré la nada misma y ustedes seguirán jugando unas horas más."

Jaime Bayly